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Tu cuerpo en el Embarazo
Además de las modificaciones en los órganos genitales y los senos, el embarazo se acompaña de profundos cambios en muchos otros órganos del cuerpo. Es más, puede decirse que prácticamente todas las estructuras del organismo cambian para adaptarse a esta nueva condición y asegurar el desarrollo normal del nuevo ser.

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Muchos de estos cambios tienen por objeto brindar al feto en crecimiento la sangre y demás nutrientes que necesita para la formación de todos sus órganos. Así, por ejemplo, la madre aporta elementos como hierro, calcio, ácido fólico, azúcares proteínas y otras sustancias necesarias para el funcionamiento desarrollo y crecimiento del cuerpo del bebé. Por eso es esencial que toda mujer embarazada consuma una dieta balanceada y suficiente para suplir sus necesidades y las del hijo que espera.

De otra parte, es innegable que muchas de estas modificaciones son molestas para la mujer, si bien, por lo general no entrañan ningún peligro para el embarazo y pueden considerarse normales. Conocer tales cambios es importante para identificar las alteraciones que, en un momento dado, podrían indicar la aparición de problemas o complicaciones que afecten el estado de salud de del feto y/o de la madre.

Si bien las modificaciones mencionadas ocurren con mayor o menor intensidad en todas las mujeres embarazadas, en muchas de ellas no constituyen una verdadera molestia y, por el contrario, los nueve meses de la gestación transcurren como un maravilloso período. Aunque ello obedece en gran medida a variaciones individuales difíciles o imposibles de preveer, es cierto que algunas condiciones contribuyen a aminorar los malestares y disfrutar de este estado.

En primer lugar, es deseable que el embarazo sea planificado por la mujer, en conjunto con su pareja, pues esto permite que los futuros padres se practiquen un examen físico completo, para verificar su estado de salud y descartar posibles enfermedades que pueden transmitir a sus hijos, como por ejemplo, enfermedades congénitas metab-licas como la Diabetes mellitus o infección por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) o virus del Sida.

Así mismo, esta evaluación brinda la oportunidad para establecer el riesgo que tiene la mujer para contraer enfermedades como varicela, sarampión, rubéola, citomegalovirus o toxoplasmosis durante el embarazo y en caso necesario, proceder a aplicar las vacunas correspondientes o tomar las medidas pertinentes para prevenirlas.

En segundo término, es importante que antes de quedar embarazada (sobre todo si se trata de la primera vez), la mujer se informe acerca de los cambios que experimentará su cuerpo durante el embarazo y las causas de los mismos. Si sabe qué esperar, estará más tranquila y podrá asumir mucho mejor su nueva condición.

Además es recomendable tomar suplementos de ácido fólico desde antes del embarazo y durante los primeros 3 meses de este, para prevenir ciertas malformaciones como la espina bífida.

A continuación se mencionarán algunas de las quejas más frecuentes de las embarazadas y las modificaciones que afectan al corazón, los vasos sanguíneos, las articulaciones los riñones y otros órganos del cuerpo.

Náusea y vómito
Uno de los malestares más comunes durante los tres primeros meses del embarazo es la aparición de náuseas, a veces acompañadas de vómito. Aunque la náusea es más frecuente en las mañanas, puede presentarse durante todo el día y resulta bastante incómoda.

Este trastorno es el resultado del efecto de las hormonas, en particular una de ellas llamada gonadotropina coriónica, sobre los centros del vómito, localizados en el cerebro. Tales centros están formados por células nerviosas (neuronas) especializadas, cuya estimulación induce la náusea y, en ocasiones, el vómito.

Debido a la acción hormonal, estas células son más sensibles y mínimos estímulos, como ciertos olores o el simple hecho de observar la preparación de los alimentos, desencadenan la sensación de náusea.

En la mayoría de los casos, esta molesta alteración es controlable con medidas simples como evitar aquellos alimentos que la provocan, ingerir pequeñas comidas varias veces al día y tomar grandes cantidades de agua y líquidos. Esta última recomendación es aún más importante si la náusea se acompaña de vómito, pues disminuye el riesgo de deshidratación.

Algunas mujeres experimentan un vómito tan severo que pueden llegar a desnutrirse y es fundamental acudir al médico, quien decidirá si se requiere un manejo más intensivo del problema, lo que implica, a veces, el uso de medicamentos.

Digestión
La progesterona producida a lo largo del embarazo hace que tanto el estómago como los intestinos se contraigan más lentamente.

En el caso del estómago, tal fenómeno favorece que los alimentos se acumulen y esto, junto con la mayor laxitud del mosculo encargado de cerrar la unión entre este órgano y el esófago (esfínter esofágico) hace que, con relativa facilidad, el contenido ácido del estómago pase hacia el esófago, ocasionando una sensación de ardor en el centro del pecho y mal sabor en la boca; dicha condición se conoce como reflujo (figura 1).

Figura 1. El reflujo es la aparición de ardor en el pecho, cuando el contenido del estómago pasa hacia el esófago.

Además, con el paso de los meses, el otero en crecimiento levanta el estómago y lo comprime, aumentando el reflujo y la irritación del esófago. Para combatir este problema se recomienda comer en pequeñas cantidades, evitar las comidas ricas en grasas, no consumir alimentos por lo menos dos horas antes de acostarse y elevar la cabecera de la cama unos cuantos centímetros, porque dormir o descansar en posición horizontal facilita el paso del contenido gástrico hacia el esófago.

De otra parte, al disminuir los movimientos del intestino, es mayor la absorción de agua en el colon y las heces se hacen más duras, por lo que aparece constipación (estre-imiento). Para combatirlo es conveniente que la mujer tome una buena cantidad de líquidos todos los días y aumente el contenido de fibra vegetal en su dieta.




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