| La falta de comunicación en parejas Según los últimos
datos, se produce un divorcio cada dos parejas que formalizan
un casamiento, y la tendencia es que pronto la relación
será uno a uno...
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Si bien muchos antropólogos venían
anunciando el fin del modelo de familia existente, las formas
relacionales que lo reemplazan son variadas: monoparentales,
juntos, en casas diferentes, los tuyos y los míos,
y otros.
Ante la pérdida de los parámetros
relacionales (de lo que está bien y mal según
la sociedad, de lo que se espera de una persona como evolución),
cada vez las elecciones son más una responsabilidad
absolutamente personal.
En una pareja ganan
los dos integrantes o ninguno: ganan en dispensarse
placer o en generarse malestar; en brindarse libertad mutua
o en un "contra-ato" de exclusividad afectiva;
en permitirte espacios o invadirse permanentemente, en crecimiento
o involución, en tenerse confianza o no, en compañía
y amistad de ser interlocutores válidos, siendo escuchados
y comprendidos o en volverse soledades compartidas, en crear
proyectos individuales y comunes o en hacer un campo de
batalla e indiferencia.
Desde un punto de vista abstracto lograr
un equilibrio en las relaciones sería sentir el bienestar
de sabernos totalmente amados y aceptados, poder brindar
nuestro afecto sin trabas, sin condicionamientos al otro,
poder comunicarnos verdaderamente expresando los sentimientos,
actuar desde nuestra parte más madura, desde nuestras
convicciones más sanas que nos ayudan a superar el
comprometer nuestra autenticidad a cambio de aprobación,
o a rechazar al otro por miedo a ser vulnerables.
Como un motivo de reflexión ante
el aumento de los desencuentros traducidos en divorcios
y desde un punto de vista práctico (basado en "20
consejos para comunicarse con su pareja", de Doyle
Barnett ), las interacciones que facilitan y dificultan
la comunicación y resolución de los conflictos
serían las siguientes:
Actitudes que favorecen
- Dividir las cuestiones según la complejidad: de
lo más sencillo a lo más complejo.
- Es mejor un acuerdo temporal y dejar
para más adelante uno definitivo.
- Permitir que cada uno se centre en ahondar
y aclarar su propio posicionamiento, para tomar decisiones.
- Determinar qué se busca conseguir
en realidad, indagar acerca de qué quiere o necesita
el uno del otro: puede ser que lo aconseje, lo comprenda
o simplemente lo escuche.
- Tratar un solo asunto a la vez.
- Asegurarse que sea escuchado lo que el
otro quiere transmitir postergando el sacar rápidas
conclusiones o defenderse.
- Evaluar si lo que se entendió
era lo que el otro quiso dejar sentado.
- Realizar peticiones.
- Expresar en palabras lo que uno piensa
y cómo se ve afectado por eso.
- Hablar sobre lo que molesta con la persona
adecuada en el momento adecuado.
- Expresar lo que se siente y por qué
se siente de determinada forma. No siempre es necesario
estar de acuerdo en todo, pero sí que el otro pueda
escucharlo.
Situaciones que dificultan
- Ignorar el problema o pasarlo por alto. Cuando un tema
reincide, debemos prestarle atención y averiguar
si existe algún otro que sea importante evaluar aquí
y ahora.
- Descalificar al otro promueve la conducta
defensiva de la contraparte.
- Observar qué es lo que se repite
que molesta.
- Bajar la carga negativa y legitimar al
otro, siempre equilibrando las fuerzas para que haya dos
iguales sentados a negociar.
- Dar vueltas en reproches quejas y acusaciones.
- Traer los agravios del pasado para argumentar
la posición aumenta la complejidad de la discusión
y produce confusión.
- Hacer generalizaciones negativas y absolutas,
por ejemplo: "Siempre buscás pelear", o
"Nunca te ocupás del negocio".
- Desarmar los siempre y los nunca.
- Recordar que detrás de cada discusión
hay un deseo frustrado.
- Hacer alusiones indirectas o insinuaciones.
- Destrabar provocaciones que no conducen
a nada.
Silvia Tortul
Terapeuta familiar sistémica
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